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"¡No me envidies, cómprate una moto!"
Quizá muchos de los que lean esto estarán de acuerdo que, donde se reúnen dos o más caraqueños, uno de los principales temas de conversación, después del presidente (o "la situación", que viene a ser lo mismo) y la inseguridad, es el de los motorizados.
Fuente: "The Motorizados of Caracas", The New York Times
Pero no vamos a llover sobre mojado. Sobre el tema de los motorizados como "plaga" se ha hablado extensamente, aquí quiero enfocarlo desde otro ángulo. Pero digámoslo de una vez: lo que motiva tales comentarios despectivos y maledicentes es la pura envidia. Los conductores (y pasajeros) que se pasan un 15% o más del día atrapados en una cola no pueden más que sentir la mayor envidia hacia quienes, como los motorizados, viajan rápidamente entre los automóviles y autobuses sin perder su tiempo miserablemente.
Pero también está otro aspecto que causa una envidia no menos intensa: la absoluta liberación de las leyes de tránsito (y de algunas leyes naturales) que otorga manejar una moto. Porque vamos a estar claros, muchos nos saltamos muchas leyes de tráfico a la menor oportunidad, bajo determinadas condiciones, pero los motorizados, ¡ah, los motorizados! ¡Ellos las violan todo el tiempo, en cualquier circunstancia! Eso es lo que nos molesta, que hacen a discresión lo que nosotros no podemos; realamente no nos molestan esas cosas que decimos con cara seria y reflexiva, "es que son unos locos, se ponen en peligro ellos y a los demás", excusas para ocultar la cochina envidia que tenemos de no poder circular contrasentido, montarnos en las aceras para evitar una cola, dar vuelta en "U" en cualquier tramo de una autopista para tomar la dirección contraria, etc., etc., etc., y que tanto tiempo nos ahorraría poder hacer con nuestro carro.
Por supuesto, tan bajos y rastreros sentimientos no pueden más que generar la petición de medidas represoras disfrazadas de "soluciones". Como pasan "volando" en las autopistas mientras los demás no tenemos nada más que hacer que memorizarnos la placa del carro que tenemos parado delante, entonces proponemos que se prohíba la circulación de motos por las autopistas (como si fuesen a circular de modo diferente en calles o avenidas). Si esta "medida", obviamente discriminatoria, no prospera se propone o aplaude la imposición de restricciones irreales a la velocidad o a la circulación entre carriles, como si nuestras autopistas estuviesen vigiladas por un Google Earth en tiempo real y los infractores fuesen a ser castigados por rayos láser instalados en el satélite Simón Bolívar. Una tercera línea de ataque es sacar las estadísticas para decir que muchos de los delitos son cometidos por delincuentes motorizados.
De esta manera nos autoengañamos buscando "soluciones" mientras le hacemos el juego a las "autoridades (in)competentes". En lugar de morirnos de envidia por la rapidez de circulación de los motorizados, ¿por qué no nos preguntamos más bien por qué carrizos no estamos circulando nosotros también rápidamente? "Es que hay muchos carros", decimos descubriendo el agua tibia. Por supuesto que hay muchos carros, la cuestión es ¿por qué no hay más vías alternativas para circular con ellos? ¿Y quién tiene el monopolio de la construcción de vías públicas? ¿Los motorizados? No.
De igual manera, en lugar de reclamar la ausencia de vigilantes de tránsito o de policías para prevenir o castigar los llamados desmanes cometidos por los motorizados o los delitos de los delincuentes motorizados, queremos impedir a unos ciudadanos que hagan lo que otros ciudadanos hacen, circular libremente por la vía pública, sin pararse un solo instante a pensar que nos estamos volando ese Estado de Derecho que reclamaremos airadamente cuando nos lo violen a nosotros en otras circunstancias.
Así que si no eres capaz de exigir soluciones reales y prefieres alcahuetear a los gobernantes inútiles, ¡deja la envidia y cómprate una moto!