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Chicago, huérfana del pensamiento único
Chicago, huérfana del pensamiento único
Para Posner, ya no tiene sentido hablar de "escuela [de Chicago]". Pero no nos enfrentamos a la revancha de KeynesPor Alberto Mingardi
Dios ha muerto, Marx ha muerto, ¿y Milton Friedman? Qué cosas, él también murió. Por lo menos desde la frustrada quiebra de Bear Stearns, se denuncia el progresivo marchitamiento de una escuela de pensamiento -la cual, a costa de ignorar los matices, podemos llamar "liberal"- después de décadas de supuesta hegemonía.
Continuación:
El más reciente en unirse al coro es el juez Richard Posner, profesor en Chicago, el centro de irradiación "del pensamiento único neoliberal" en el mundo. En una entrevista en The New Yorker, Posner señaló que vale la pena poner en el desván la propia etiqueta "escuela de Chicago" (otros colegas, entrevistados después de él, como los economistas Eugene Fama y John Cochrane, sin embargo, tenían otra opinión: véase la página web de la revista The New Yorker). ¿El fin de una época? La evolución de una universidad: Para Posner, aquella "unidad de método", que es esencial para definir los contornos de un proyecto de investigación coherente, se ha perdido en Chicago. La facultad de economía es más plural que en el pasado, como es normal en una de las mejores universidades de los Estados Unidos, que debe aceptar especialistas en diferentes ramas de la disciplina.
El numen tutelar de la escuela fue un economista de la generación anterior a la de Friedman, Frank Knight. Pero es con Friedman y Stigler que Chicago se convierte en criadero de una nueva generación de investigadores. Friedman, verdadero intelectual público, es un ávido difusor de ideas: con su columna en Newsweek, con un libro que tenía la estructura y el aliento de un programa político como Capitalismo y libertad (1962), con una serie de televisión de gran éxito de la cual saca otro libro (Libertad de elegir, 1980). Las recetas son bien conocidas: la "constitucionalización" de la política monetaria para sustraerla del arbitrio del poder político (la inflación es siempre un fenómeno monetario), la abolición de los controles de precios, bajos impuestos, la competencia en la prestación de servicios monopolizados por el poder público como la salud o la educación (cheque escolar). Éste es un catálogo liberal que no es exclusivo del enfoque metodológico de la escuela. Al contrario, es ampliamente compartido por otros que en otras partes están tratando de luchar contra la hegemonía keynesiana que se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial, fuente del aparente éxito del New Deal.
En medio del estancamiento de las economías occidentales y ante la reducción gradual de las libertades económicas, Jim Buchanan (tras la huella de la italianísima Ciencia de las Finanzas) y Gordon Tullock comienzan a buscar "lo que no se ve" en el proceso político, nace así la "elección pública". Friedrich von Hayek es el pensador liberal más conocido de la segunda mitad del siglo XX y bajo su sombra se levanta de nuevo la "escuela austríaca" de economía, así llamada porque los fundadores eran vieneses, que, en términos de metodología, es lo opuesto del positivismo de la de Chicago. Gracias a autores como Posner, se impone el análisis económico del Derecho (law and economics). En Chicago, encontró un hogar un economista empírico y difícil de encuadrar como Ronald Coase. En Harvard en 1974, es un filósofo quien sella la reencontrada respetabilidad científica del Estado mínimo: Robert Nozick.
En el debate público, todo esto termina mezclado en una serie de clichés. En parte, surge el hecho de que la aparición casi simultánea de textos considerados hoy clásicos, precedió la consolidación, en los Estados Unidos, de Ronald Reagan, y en Gran Bretaña de Margaret Thatcher, dando la impresión de un cambio radical. En parte, para un mundo de estudios casi estatólata, es difícil distinguir las diferentes formas en que estos autores reconocen que las transacciones libres y voluntarias entre individuos son más eficientes que la intervención del gobierno.
La influencia real en las políticas es otro asunto. Si bien ha cambiado en muchos países el vocabulario, la retórica de la política, muchas de las propuestas han quedado en el papel. Pero con la crisis, a los partidarios del mercado se les ha presentado la cuenta de las palabras que no derivaron en hechos. El propio Friedman advirtió sobre la "tiranía del status quo". Ya Sam Petzman (Chicago), al final de la década reaganiana, señaló que en lugar de "desregulación", había habio "sólo" un cambio de la regulación existente. El "capitalismo real" inevitablemente lleva consigo la marca de la política y de los grupos de interés. Para los keynesianos, ahora es el momento de la venganza. Es tiempo para la nostalgia: "Era una dicha en ese amanecer el estar vivo, pero ser joven era un paraíso" (Wordsworth). Eppure, a dispetto di quanto accade dove si decide, nei luoghi in cui si pensa l'orolgio non sta correndo indietro agli anni Settanta. Sin embargo, a pesar de lo que está sucediendo, en los centros de decisión, en los lugares en donde se piensa, el reloj no está retrocediendo a los años setenta. Es cierto que, en un folleto reciente, Posner ha parecido inclinado a considerar que la crisis financiera es un producto de las deficiencias del mercado, así como de los fallos del Estado. Pero hay mucho trabajo por hacer para comprender estos últimos: errores en las regulaciones, conflictos de intereses, problemas insuperables en la búsqueda y aplicación de conocimientos. Claro, está bajo ataque la hipótesis de los mercados eficientes, que se debe a Eugene Fama (Chicago), para quien el precio de mercado siempre refleja toda la información disponible. Debido a la crisis, para algunos queda destruida ese tesis, pero para otros, solo hay que darle una atención especial. Es cierto que los mercados son víctimas de la falta de información. Deben entenderse la forma y el momento de los ajustes, sabiendo (como ya advirtió Hayek) que nunca será "perfecta" en el sentido de los libros de texto. En resumen, los mercados necesitan más información, pero para crear más información necesitamos más mercado.
La intervención pública, incluidas las de emergencia del año pasado, enturbia. Crea opacidad. John Cochrane (Chicago Booth) ha escrito en más de una ocasión: "El sistema regulatorio actual, en última instancia, provoca una oscuridad artificial, y fragilidad". Y de hecho, la parte más regulada y supervisada de los mercados financieros fue la que sufrió mayormente.
Para el presidente de la FED, Bernanke, el problema era la desregulación y no la política monetaria. Pero tanto los monetaristas estrictos como los "austríacos" son de una opinión radicalmente diferente. El economista monetarista John Taylor (Stanford), fue uno de los críticos más feroces de las acciones de la FED durante la tormenta. Las tasas de interés estuvieron "demasiado bajas durante demasiado tiempo", la política monetaria laxa alteró las señales del mercado, de allí la malas inversiones y la burbuja.
La lectura de la crisis que culpa al mercado, y que encuentra su héroe positivo en Keynes redivivo, es más sencilla y seductora. Es una historia de capa y espada, capitalistas avaros y banqueros malvados, no requiere pensar sobre los tiempos en la economía y los peligros ocultos en las normas escritas con otras y mejores intenciones.
Ninguna rendición, pues, y ninguna retirada. Es la batalla de las ideas que continúa. Recordemos con George Stigler (The Economist as Preacher), que las "prédicas" económicas más importantes no son necesariamente las más populares.
Tomado de Il Sole 24 Ore, enero 17, 2010
Fuente: http://www.brunoleoni.it/nextpage.aspx?codice=8796
Palabras clave: Escuela de Chicago, Milton Friedman, Richard Posner, monetarismo, crisis bancaria, Keynes, keynesianismo