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Quitemos el término "clientelar" de la expresión "capitalismo clientelar"
Quitemos el término "clientelar" de la expresión "capitalismo clientelar"
Es hora de elegir el libre mercadoJohn Stossel | 14 de enero 2010
Cuando el juez Richard Posner, el prolífico intelectual conservador, lanzó el año pasado su libro A Failure of Capitalism: The Crisis of '08 and the Descent Into Depression , usted podía imaginarse que el veredicto final sería: el capitalismo causó la recesión económica y el alto desempleo.
Que esta sentencia fuese pronunciada por alguien como Posner, que está asociado con la Universidad de Chicago y el derecho de libre mercado y de movimiento de la economía, dio apoyo moral a todos los políticos que tenían la intención de aprovechar la recesión (así como aprovechan todas las crisis) para aumentar el control gubernamental sobre la economía.
Pero, ¿qué es exactamente ese "capitalismo" que se culpa?
La palabra "capitalismo" se utiliza de dos maneras contradictorias. A veces se utiliza para expresar el libre mercado, o laissez faire. Otras veces se utiliza para indicar la actual economía guiada por el gobierno. Lógicamente, el "capitalismo" no puede ser ambas cosas. O el mercado es libre o lo controla el gobierno.
La verdad es que no tenemos un mercado libre -la regulación del gobierno y la gestión son generalizadas- por lo que es engañoso decir que el "capitalismo" causó los actuales problemas. El libre mercado es inocente.
Pero es justo decir que el capitalismo clientelar creó este desastre económico.
El capitalismo clientelar, por cierto, será el tema de mi programa de televisión esta semana en la red Fox Business (jueves a las 8 pm hora del este, viernes a las 10).
¿Qué es el capitalismo clientelar? Es el sistema económico en el que el mercado está moldeado sustancialmente por una íntima relación entre el gobierno, las grandes empresas, y los sindicatos. Bajo el capitalismo clientelar, el gobierno otorga una variedad de privilegios que son simplemente inalcanzables en el mercado libre, incluidas las restricciones a la importación, los rescates, subsidios y garantías de préstamos.
El capitalismo clientelar es tan antiguo como la propia República. El primer acto del Congreso en 1789 -¡el 4 de julio, nada menos!- fue un arancel a los productos extranjeros para proteger influyentes intereses empresariales nacionales.
No tenemos que ir muy lejos para ver cómo es hoy en día el capitalismo norteamericano dominado por el clientelismo. Las industrias de neumáticos y acero, conectadas políticamente, obtuvieron ayuda del gobierno ante una "oleada" de importaciones procedentes de China. (¿A quién le importa si los consumidores estadounidenses quieren pagar menos por el acero y los neumáticos chinos?) El capitalismo clientelar, mejor conocido como rescates gubernamentales, salvó a la General Motors y a la Chrysler de la extinción; con los amigos de Barack Obama, los trabajadores de la United Auto consiguieron un trato preferencial respecto a otros acreedores y generosos inventarios (algo especialmente escandaloso teniendo en cuenta que los sindicatos contribuyeron, en primer lugar, a la quiebra de las empresas con pensiones infladas y normas de trabajo inútiles). Los bancos y las compañías de seguros (como AIG) son rescatados porque se consideraban demasiado grandes para fracasar. Agricultores favorecidos reciben subsidios por las cosechas.
Si el capitalismo de libre mercado es un sistema privado de pérdidas y ganancias, el capitalismo clientelar es un sistema de ganancias privadas y pérdidas públicas. Las empresas mantienen sus beneficios cuando tienen éxito, pero usan al gobierno para castigar al contribuyente con las pérdidas cuando fracasan. Buen trabajo si puedes conseguirlo.
El papel que juegan las regulaciones en el capitalismo clientelar es poco apreciado. Los críticos de las empresas suponen que las regulaciones son la forma cómo el Estado controla a las empresas. Pero, históricamente, la regulación ha sido la forma en que un conjunto de empresas (generalmente más grandes y bien conectados) obtienen ventajas sobre las demás. Al respecto, el libro de Timothy Carney, The Big Ripoff: How Big Business and Big Government Steal Your Money, explica por qué Philip Morris se unió a la "guerra contra el tabaco", General Motors impulsó la legislación sobre contaminación atmosférica, y a Archer Daniels Midland le gustan los subsidios del etanol.
Como señala el economista Bruce Yandle, "el apoyo de la industria a la regulación no es extraña en lo absoluto, de hecho, es la norma".
Si usted se pregunta por qué, piénselo: ¿Quién es más probable que se vea obstaculizado por normas reglamentarias: las empresas establecidas con sus departamentos legales y de contabilidad sobredimensionados o las pequeñas que tratan de despegar? Las regulaciones pueden matar la competencia y a los interesados les gusta de esa manera.
¿Cuándo Michael Moore entenderá todo esto? Su última película atacó lo que él llama capitalismo, pero su obra demuestra que no es el libre mercado el que causa los males que él aborrece. De haber titulado su película Capitalismo clientelar: una historia de amor, habría estado parado en un terreno más firme.
Fuente: http://reason.com/archives/2010/01/14/lets-take-the-crony-out-of-cro
Nota: La expresión "crony capitalism" (del título original) es traducido también como "capitalismo de amigotes", "capitalismo de cómplices" o, incluso, "capitalismo de compinches", entre otros. Aquí la traduzco como "capitalismo clientelar" por considerar que se relaciona más con el concepto tal como es entendido en Venezuela.
Palabras clave: Crony capitalism, capitalismo clientelar, capitalismo de cómplices, crisis, libre mercado, intervencionismo, estatismo, Michael Moore, Capitalism: A Love Story