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Comienza la guerra por el agua
Comienza la guerra por el agua
Revoluciones. Potentados económicos, el bien común y la eficiencia en el servicio: tres nodos de los cuales el decreto del gobierno italiano no se ocupa
Por Carlo Lottieri
Existe una gran obsesión de la izquierda italiana. Hace unas semanas, en el Corriere della Sera, la escritora Dacia Maraini -que normalmente no se ocupa de los servicios "en red"- realizó un duro ataque contra el Gobierno de Berlusconi, acusado de la eliminación de un bien tan básico como el agua a su legítimo propietario, el pueblo. Tonos más aún encendidos ha utilizado uno de los campeones de la izquierda anti-globalización, el padre Alex Zanotelli, que cuando habla sobre esta cuestión parece realmente perder la cabeza. En una carta también dirigida al Corriere, el padre comboniano pidió el máximo compromiso de "todos, más allá de creencias o ideologías, para que 'la hermana agua', fuente de vida, sea reconocida como un derecho humano fundamental no sujeto a la ley del mercado". Amén.En realidad, por desgracia, muy poco está sucediendo con este delicado tema y, por lo tanto, realmente no hay razón para agitarse de esta manera. El plan de gobierno firmado por Fitto y Calderoli no prevé ninguna privatización del agua -lo que significaría, por supuesto, los sistemas de gestión y distribución- y no es en sentido alguno revolucionario. Pero eso es lo que debería lamentarse. Al igual que cualquier otro servicio, la distribución de agua puede realizarse mejor cuando se abandona la lógica del monopolio y se introduce un marco competitivo. En la Sicilia de hoy día, el agua también es un servicio público, es decir, que es administrado por entidades de una manera u otra controlados por burócratas y hombres de partido, pero esto no Impide que la red sea un colador. Para que en estas áreas pueda haber un mercado real deben darse muchos pasos, y si en el año 2008 empezamos a hacer algo con la Ley 133, el camino aún es largo. Baste pensar en el problema de los precios y en el hecho de que las tarifas son decididas por los del ATO, que son actores políticos ede sencialmente, que se encargan de la tarea de regular la gestión del agua y por tanto responsables de determinar también los costes que deben asumir los ciudadanos. Una verdadera privatización y liberalización del agua, en definitiva, todavía está distante, y no principalmente por razones técnicas, sino por la fuerte resistencia que encuentra esa idea.
Por otra parte, lo que se discute en Italia es sólo si la gestión de los sistemas de redes de agua debe dejarse en manos de los actuales monopolios o si debe ser asignado por concurso. En resumen, consiste en ver si todo lo que hay ahora funciona bien (como parecen decir los defensores del statu quo), o si hay empresas que estan dispuestas a proponer y presentar una administración del agua potable y de cloacas con mejores normas cualitavivas y a precios más bajos. El contraste es ante todo cultural, pero conlleva una enorme resistencia, Porque si realmente se abrieran, aún tímidamente, al mercado terminarían cuestionándose una serie de situaciones cristalizadas. El sistema de agua estatal garantiza a los políticos un buen número de asientos en los consejos de administración, junto con importantes oportunidades de clientelismo. Sin olvidar lo que ya sucedió en años anteriores, a saber, que la constitución de los ATO ha terminado por expropiar, un través de su autonomía, una serie de realidades, sin embargo muy pequeñas, que se habían preparado para administrar de forma independiente la gestión del agua.
En verdad, una vez más, nos encontramos aplastados entre una idelogía vetero-colectivista que viene a definir el agua como un "derecho humano" (¿qué significa eso? ¿Sirve para mejorar la gestión de abastecimiento de agua? ¿Ayuda a asegurar que los costos no serán exorbitantes?) y la astucia de los que quieren abrir el mercado, pero sólo en parte, porque tienen sus propios proyectos y pretenden aprovecharse de esta fácil oportunidad de ganacia: utilizando el sector privado para la obtención de beneficios y la regulación estatal para evitar la competencia. El Padre Zanotelli y Dacia Maraini pueden ahorrarse la agitación: de una u otra manera, el agua quedará administrada por el gran Soviet estatal y por todas sus articulaciones. Como mucho, veremos la aparición de algún "oligarca" que se apoyará en el pueblo para obtener, como siempre, ganancias muy privadas. También habrá quienes, en la Puglia de NichiVendola, estarán pensando en volver a la antigua situación: re-municipalizando el importante acueducto regional, que había sido transformado en una sociedad anónima. Los que aman el agua estatalizada, en definitiva, pueden dormir tranquilos.
Sin embargo quienes deberían preocuparse son los ciudadanos ya que de esta manera es dificil que pueda haber inversiones, reestructuraciones y la adopción de tecnologías mejoradas, y que, por lo tanto, podamos tener una mejor calidad a un precio inferior. En estas circunstancias, es probable que muchos grifos, incluso el próximo verano, continúen secos.
Tomado de Liberal, 17 de noviembre de 2009
Fuente: http://www.brunoleoni.it/nextpage.aspx?codice=8540
Palabras clave: Agua, Estatismo