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Los católicos quieren recuperar a Marx, pero lo único útil que queda es su fantasma
Los católicos quieren recuperar a Marx, pero lo único útil que queda es su fantasma
Entre la crisis económica y la crisis de vocaciones, las astillas enloquecidas de la Iglesia se aferran a la barba de Karl Marx
Por Carlo Stagnaro
Entre la crisis económica y la crisis de vocaciones, las astillas enloquecidas de la Iglesia se aferran a la barba de Karl Marx. El último número de la revista jesuita, "La civilización católica", es el hogar de un interesante artículo del padre Georg Sans, profesor de historia de la filosofía contemporánea en la Universidad Gregoriana. El título es ambiguo: "Qué queda de Marx después de la caída del Muro de Berlín". El texto, recogido con gran énfasis por el Osservatore Romano, no lo es: "Marx no puede considerarse superado", al menos no del todo. Y por si a alguien le quedan dudas, de eso se encarga una ilustración, amablemente proporcionada por el diario de la Santa Sede: el perfil del filósofo de Tréveris yuxtapuesto al logotipo de la WWF. Como si el padre del comunismo fuese un oso panda que debe ser salvado.
La tesis de Sans es mitad cierta y mitad errónea. La mitad correcta, lo es involuntariamente y en sentido contrario al deseado. Empecemos por aquí. El jesuita se asigna la tarea de, por un lado, salvar a Marx de la influencia de su "hermano de armas", Friedrich Engels, a quien Sans atribuye gran parte de la concepción materialista del hombre y de la historia, y en segundo lugar, absolver a Marx de los crímenes del comunismo. De hecho, "los poderes dictatoriales socialistas han desfigurado las ideas del Marx histórico hasta hacerlo irreconocible". Por lo tanto, "sería un craso error pensar que en cada caso Karl Marx participe del espíritu que está detrás de la llegada del comunismo". Es decir, sería un error culpar al tronco por las frutas producidas por las ramas. Tal como está redactado, el razonamiento de Sans se hace eco de palabras oídas tantas veces en el pasado, de parte de quienes -con el fin de pulir la imagen de su santo patrono- han descargado toda responsabilidad sobre la supuesta traición de Lenin y Stalin. Hay un núcleo de verdad: el comunismo alcanzado es muy diferente de la tierra prometida marxista, una tierra de límites difusos porque Marx, siempre generoso con sus reflexiones sobre la fealdad del capitalismo, en realidad nunca puso en claro los contornos del Edén de los trabajadores. Pero la relación es al revés: como sostiene Guglielmo Piombini en un artículo en la revista liberal Enclave, Lenin y Stalin son el rostro humano de Marx, no a la inversa. De hecho, "la represión, el hambre y, en general, los peores períodos en la historia del comunismo están en relación directamente proporcional con el grado de cercanía al modelo de comunismo puro".
El intento de liberar a Marx de la carga del socialismo real, sin embargo, es un pecado venial en comparación con el trasfondo cultural del padre Sans, que intenta reactivar dos pasajes cruciales de la teoría marxista como categorías útiles para interpretar la actualidad. En su opinión, "sobre todo si tenemos en cuenta la cuestión de la globalización, por lo en menos dos puntos no se le pueden presentar cargos": uno es "la idea de que no corresponde a la naturaleza humana comprender el trabajo remunerado como un simple medio para garantizar la existencia física". El otro es que "la forma de trabajo, así como la división entre pobreza y riqueza, no son datos naturales, sino la expresión de estructuras creadas por el hombre". A cuenta de esto, Sans promueve tanto el concepto marxista de "trabajo alienado", como "el problema del origen de la plusvalía".
En realidad, el asunto de la plusvalía es antigualla económica. Pensar estas cuestiones en términos marxistas -así como todo lo que se deduce de ellas- implica desvincular por completo al prestador del servicio del receptor del salario. Este enfoque revela una incomprensión fundamental de cómo funciona el libre mercado. El asalariado es una especie de empresario en sí mismo, que vende su trabajo a cambio de una cuota. La existencia y el alcance de la remuneración atestiguan que ha sabido satisfacer las necesidades de los demás. En definitiva, lo fundamental no es que alguien recibe un ingreso, sino que produce un ingreso. Y esto lleva a una distribución de la riqueza que inevitablemente tiende a premiar a los que mejor han servido a los demás, dándoles lo que desean y satisfaciendo necesidades. Además, el mismo Sans reconoce que "la teoría marxista del valor se presta a muchas objeciones" y que "hoy en día es ampliamente aceptado que la teoría marxista de los salarios y los precios no se cumplen en situaciones económicas específicas". Con estas premisas, es difícil encontrar algo que todavía pueda ser útil. Eliminado el materialismo, eliminado el comunismo, eliminada la teoría del valor, eliminados los salarios y los precios, ¿qué queda de Marx, además de su fantasma? Misterio de fe.
Tomado de Libero, 22 de octubre, 2009
Fuente: http://www.brunoleoni.it/nextpage.aspx?codice=8398
Palabras clave: Economía, Marxismo, Catolicismo, Compañía de Jesús