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Algunos pensamientos del perfecto idiota latinoamericano

Liquidado el mito de la burguesía nacional y la posibilidad de un tránsito reformista con la colaboración de esta clase, toda auténtica revolución en América Latina tiene necesariamente que situarse en una perspectiva socialista. Parafraseando palabras de Teodoro Petkoff, la revolución en América vencerá como socialista o será derrotada como revolución.

PLINIO APULEYO MENDOZA (escritor colombiano) París, 1971.

El fin de la dictadura batistiana y el comienzo de esta revolución hermosa les traerá a los cubanos una etapa de libertad y prosperidad, como la Isla nunca ha conocido. ¿Quién puede dudar de ese feliz destino?

CARLOS ALBERTO MONTANER (escritor cubano) La Habana, febrero de 1959.

Estados Unidos debe sacar inmediatamente las manos de El Salvador y dejar respirar libremente a ese país. US out of El Salvador! US out of El Salvador!

ALVARO VARGAS LLOSA (periodista peruano) Washington, 1984, frente a la Casa Blanca.

Dentro de diez, veinte o cincuenta años habrá llegado a todos nuestros países, como ahora a Cuba, la hora de la justicia social y América Latina entera se habrá emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y reprimen.

MARIO VARGAS LLOSA (escritor peruano) Caracas, 1967.

Palabras clave: Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner, Alvaro Vargas Llosa, Mario Vargas Llosa, Manual del perfecto idiota latinoamericano, Teodoro Petkoff

  • Por Corbu
  • Febrero 1st, 2010
  • Publicado en Economía
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  Etiquetas: alvaro vargas llosa, carlos alberto montaner, manual del perfecto idiota latinoamericano, mario vargas llosa, plinio apuleyo mendoza, teodoro petkoff

Chicago, huérfana del pensamiento único

Chicago, huérfana del pensamiento único

Para Posner, ya no tiene sentido hablar de "escuela [de Chicago]". Pero no nos enfrentamos a la revancha de Keynes

Por Alberto Mingardi

Dios ha muerto, Marx ha muerto, ¿y Milton Friedman? Qué cosas, él también murió. Por lo menos desde la frustrada quiebra de Bear Stearns, se denuncia el progresivo marchitamiento de una escuela de pensamiento -la cual, a costa de ignorar los matices, podemos llamar "liberal"- después de décadas de supuesta hegemonía.

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  • Por Corbu
  • Enero 19th, 2010
  • Publicado en Economía
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  Etiquetas: crisis, escuela de chicago, friedman, keynes, keynesianismo, monetarismo, posner

Quitemos el término "clientelar" de la expresión "capitalismo clientelar"

Quitemos el término "clientelar" de la expresión "capitalismo clientelar"
Es hora de elegir el libre mercado

John Stossel | 14 de enero 2010

Cuando el juez Richard Posner, el prolífico intelectual conservador, lanzó el año pasado su libro A Failure of Capitalism: The Crisis of '08 and the Descent Into Depression , usted podía imaginarse que el veredicto final sería: el capitalismo causó la recesión económica y el alto desempleo.

Que esta sentencia fuese pronunciada por alguien como Posner, que está asociado con la Universidad de Chicago y el derecho de libre mercado y de movimiento de la economía, dio apoyo moral a todos los políticos que tenían la intención de aprovechar la recesión (así como aprovechan todas las crisis) para aumentar el control gubernamental sobre la economía.

Pero, ¿qué es exactamente ese "capitalismo" que se culpa?

La palabra "capitalismo" se utiliza de dos maneras contradictorias. A veces se utiliza para expresar el libre mercado, o laissez faire. Otras veces se utiliza para indicar la actual economía guiada por el gobierno. Lógicamente, el "capitalismo" no puede ser ambas cosas. O el mercado es libre o lo controla el gobierno.

La verdad es que no tenemos un mercado libre -la regulación del gobierno y la gestión son generalizadas- por lo que es engañoso decir que el "capitalismo" causó los actuales problemas. El libre mercado es inocente.

Pero es justo decir que el capitalismo clientelar creó este desastre económico.

El capitalismo clientelar, por cierto, será el tema de mi programa de televisión esta semana en la red Fox Business (jueves a las 8 pm hora del este, viernes a las 10).

¿Qué es el capitalismo clientelar? Es el sistema económico en el que el mercado está moldeado sustancialmente por una íntima relación entre el gobierno, las grandes empresas, y los sindicatos. Bajo el capitalismo clientelar, el gobierno otorga una variedad de privilegios que son simplemente inalcanzables en el mercado libre, incluidas las restricciones a la importación, los rescates, subsidios y garantías de préstamos.

El capitalismo clientelar es tan antiguo como la propia República. El primer acto del Congreso en 1789 -¡el 4 de julio, nada menos!- fue un arancel a los productos extranjeros para proteger influyentes intereses empresariales nacionales.

No tenemos que ir muy lejos para ver cómo es hoy en día el capitalismo norteamericano dominado por el clientelismo. Las industrias de neumáticos y acero, conectadas políticamente, obtuvieron ayuda del gobierno ante una "oleada" de importaciones procedentes de China. (¿A quién le importa si los consumidores estadounidenses quieren pagar menos por el acero y los neumáticos chinos?) El capitalismo clientelar, mejor conocido como rescates gubernamentales, salvó a la General Motors y a la Chrysler de la extinción; con los amigos de Barack Obama, los trabajadores de la United Auto consiguieron un trato preferencial respecto a otros acreedores y generosos inventarios (algo especialmente escandaloso teniendo en cuenta que los sindicatos contribuyeron, en primer lugar, a la quiebra de las empresas con pensiones infladas y normas de trabajo inútiles). Los bancos y las compañías de seguros (como AIG) son rescatados porque se consideraban demasiado grandes para fracasar. Agricultores favorecidos reciben subsidios por las cosechas.

Si el capitalismo de libre mercado es un sistema privado de pérdidas y ganancias, el capitalismo clientelar es un sistema de ganancias privadas y pérdidas públicas. Las empresas mantienen sus beneficios cuando tienen éxito, pero usan al gobierno para castigar al contribuyente con las pérdidas cuando fracasan. Buen trabajo si puedes conseguirlo.

El papel que juegan las regulaciones en el capitalismo clientelar es poco apreciado. Los críticos de las empresas suponen que las regulaciones son la forma cómo el Estado controla a las empresas. Pero, históricamente, la regulación ha sido la forma en que un conjunto de empresas (generalmente más grandes y bien conectados) obtienen ventajas sobre las demás. Al respecto, el libro de Timothy Carney, The Big Ripoff: How Big Business and Big Government Steal Your Money, explica por qué Philip Morris se unió a la "guerra contra el tabaco", General Motors impulsó la legislación sobre contaminación atmosférica, y a Archer Daniels Midland le gustan los subsidios del etanol.

Como señala el economista Bruce Yandle, "el apoyo de la industria a la regulación no es extraña en lo absoluto, de hecho, es la norma".

Si usted se pregunta por qué, piénselo: ¿Quién es más probable que se vea obstaculizado por normas reglamentarias: las empresas establecidas con sus departamentos legales y de contabilidad sobredimensionados o las pequeñas que tratan de despegar? Las regulaciones pueden matar la competencia y a los interesados les gusta de esa manera.

¿Cuándo Michael Moore entenderá todo esto? Su última película atacó lo que él llama capitalismo, pero su obra demuestra que no es el libre mercado el que causa los males que él aborrece. De haber titulado su película Capitalismo clientelar: una historia de amor, habría estado parado en un terreno más firme.

Fuente: http://reason.com/archives/2010/01/14/lets-take-the-crony-out-of-cro

Nota: La expresión "crony capitalism" (del título original) es traducido también como "capitalismo de amigotes", "capitalismo de cómplices" o, incluso, "capitalismo de compinches", entre otros. Aquí la traduzco como "capitalismo clientelar" por considerar que se relaciona más con el concepto tal como es entendido en Venezuela.

Palabras clave: Crony capitalism, capitalismo clientelar, capitalismo de cómplices, crisis, libre mercado, intervencionismo, estatismo, Michael Moore, Capitalism: A Love Story

  • Por Corbu
  • Enero 16th, 2010
  • Publicado en Economía
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  Etiquetas: capitalismo clientelar, crisis, crony capitalism, estatismo, intervencionismo, libre mercado

La ciudad compacta, la más reciente idea verde y anti-liberal de Obama

La ciudad compacta, la más reciente idea verde y anti-liberal de Obama

Bajo el pretexto de "salvar el planeta", la idea de enlatar la población en un formato aceptable para la Casa Blanca, revela un proyecto autoritario

Por Alberto Mingardi

El problema de los fines es que justifican los medios. En el nombre de un ideal superior se pueden cometer las atrocidades más terribles. Nos lo ha enseñado la historia, pero somos reacios a aprender. El último "Policy Paper" del Cato Institute está dedicado a la "ciudad compacta", un conejo sacado de la chistera de la administración Obama en la eterna batalla contra las emisiones de CO2. Una mayor densidad de población serviría, hipotéticamente, para reducir el uso del automóvil, recomendar el uso de vehículos más compactos y, por lo tanto, menos contaminantes, y harían más convenientes los medios de transporte colectivo. Entonces, ¿es mejor obligar a los estadounidenses a vivir en ciudades más pequeñas, dejando de disfrutar, como siempre, los grandes espacios que caracterizan a ese país?

Pongamos las cosas en perspectiva. O'Toole explica que el tráfico en las ciudades estadounidenses entre 1970 y 2005 aumentó en un 250%, mientras que la contaminación relacionada al tráfico se ha reducido en dos tercios. Como reacción a los altos precios del combustible en los años setenta y comienzos de los ochenta, los estadounidenses renovaron su flota, adquiriendo vehículos menos contaminantes. El progreso de la tecnología, además, no se detuvo hace veinte años. Así, explica O'Toole, el estadounidense promedio puede recorrer hoy 41% más kilómetos que en 1978, utilizando sólo un 3% más de gasolina. La tecnología vence a la política. La movilidad automovilística, entonces, pertenece, para todos los efectos, al sueño americano. ¿Qué es ser libre? Es poder moverse. La capacidad para moverse, para "votar con los pies", o con las ruedas, obliga a las instituciones políticas a adaptarse, a ser menos irrespetuosos de los derechos individuales de lo que serían en otras circunstancias. Pero sobre todo, la posibilidad de moverse es el requisito previo de cualquier esperanza, incluso vaga, de alcanzar sus propios sueños. Los individuos tienen necesidad de estar con quien quieran y con quienes los quieran. Quieren apostar por una vida mejor en un lugar diferente. Y el coche, acortando distancias, ha hecho que una vida mejor esté un poco menos lejano.

Un estudio realizado en Estados Unidos en personas sin un diploma de escuela secundaria sugiere que ganan mucho más si tienen un automóvil. Por una razón obvia: moverse de forma independiente les permite atender una solicitud de empleo menos localizada. La cruzada contra el automóvil que tanto gusta a todos los gobiernos occidentales, que en el fondo odian el hecho de que la libertad fundamental de movilizarse todavía exista para moderar sus pretenciones (¿qué es la lucha contra los paraísos fiscales, si no una guerra declarada en contra de un tipo particular de libertad para viajar, libertad de circulación de capitales?), palidece en comparación con la gravedad de la propia idea de "desarrollo compacto" de las ciudades.

No es que la alta densidad de población no tenga ventajas. La belleza de la ciudad está en la concentración de cosas -que es la razón por la que en las ciudades nos agrupamos , nos concentramos, que las utilizamos como envolturas de nuestra vida social. El problema es pensar que se pueda imponer un desarrollo que deja de lado las necesidades prácticas de las personas que viven allí y, en cambio, obedece a un puro diseño político.

Como escribió Stefano Moroni (en Chicago-blog.it) recordando la figura de Jane Jacobs, la ciudad es una "realidad auto-organizativa, un caso de 'complejidad organizada', es decir, que es una situación donde un gran número de factores se combinan de forma espontánea en estructuras ordenadas. En un sistema tal, la diversidad y la pluralidad son recursos y no problemas". Existe una lógica si las ciudades estadounidenses se han desarrollado de una manera determinada, si Denver es diferente de Nueva York y Las Vegas de Washington. La gente que vive allí y que les dan vida han tratado por generaciones que se vean como los lugares más apropiados para satisfacer sus necesidades. Y a pesar de la lógica de la planificación de los gobiernos locales, en el largo plazo han vencido las necesidades reales, interpretadas en el espacio urbano, por quienes tienen la fuerza de poner en juego la propia creatividad empresarial para ganarse a los consumidores. Cuando las autoridades locales no pretenden tener la última palabra, las tiendas procuran abrirse donde la gente las busca y las quiere. Diferentes usos de las edificaciones surgen, se afirman, y luego, tal vez, desaparecen. La oferta y la demanda no se quedan inmóviles.

Pensar que esto no debería ser, que el carácter, la historia, las ambiciones de las ciudades norteamericanas se deben reescribir para enlatar a la población en un formato aceptable para la Casa Blanca, revela un proyecto autoritario. Un proyecto autoritario abrazado con gran entusiasmo por bandas muy amplias de la población mundial. Porque cuando el planeta está en juego, todo está permitido.

Piense de lo que habría sido capaz Robespierre, o Lenin, teniendo a disposición el calentamiento global como un manifiesto ideológico. Sistemas de ideas que hoy se nos presentan como lo que son, es decir aberraciones, lograron conquistar en su momento los corazones de millones de personas. Hoy en día el calentamiento global es una preocupación tan fuerte que se puede argumentar que para combatir el aumento de las temperaturas es necesario cambiar nuestra forma de vida. No sólo en abstracto (usar menos el auto), sino en el sentido más concreto posible: en la forma en que ocupamos el espacio. El camino al infierno está pavimentado con intenciones de color verde.

Tomado de Il Riformista, 22 de novembre de 2009

Fuente: http://www.brunoleoni.it/nextpage.aspx?codice=8563

Palabras clave: Planificación, Estatismo, Obama, Ciudad compacta

  • Por Corbu
  • Noviembre 24th, 2009
  • Publicado en Economía
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  Etiquetas: estatismo, planificación

Comienza la guerra por el agua

Comienza la guerra por el agua

Revoluciones. Potentados económicos, el bien común y la eficiencia en el servicio: tres nodos de los cuales el decreto del gobierno italiano no se ocupa

Por Carlo Lottieri

Existe una gran obsesión de la izquierda italiana. Hace unas semanas, en el Corriere della Sera, la escritora Dacia Maraini -que normalmente no se ocupa de los servicios "en red"- realizó un duro ataque contra el Gobierno de Berlusconi, acusado de la eliminación de un bien tan básico como el agua a su legítimo propietario, el pueblo. Tonos más aún encendidos ha utilizado uno de los campeones de la izquierda anti-globalización, el padre Alex Zanotelli, que cuando habla sobre esta cuestión parece realmente perder la cabeza. En una carta también dirigida al Corriere, el padre comboniano pidió el máximo compromiso de "todos, más allá de creencias o ideologías, para que 'la hermana agua', fuente de vida, sea reconocida como un derecho humano fundamental no sujeto a la ley del mercado". Amén.

En realidad, por desgracia, muy poco está sucediendo con este delicado tema y, por lo tanto, realmente no hay razón para agitarse de esta manera. El plan de gobierno firmado por Fitto y Calderoli no prevé ninguna privatización del agua -lo que significaría, por supuesto, los sistemas de gestión y distribución- y no es en sentido alguno revolucionario. Pero eso es lo que debería lamentarse. Al igual que cualquier otro servicio, la distribución de agua puede realizarse mejor cuando se abandona la lógica del monopolio y se introduce un marco competitivo. En la Sicilia de hoy día, el agua también es un servicio público, es decir, que es administrado por entidades de una manera u otra controlados por burócratas y hombres de partido, pero esto no Impide que la red sea un colador. Para que en estas áreas pueda haber un mercado real deben darse muchos pasos, y si en el año 2008 empezamos a hacer algo con la Ley 133, el camino aún es largo. Baste pensar en el problema de los precios y en el hecho de que las tarifas son decididas por los del ATO, que son actores políticos ede sencialmente, que se encargan de la tarea de regular la gestión del agua y por tanto responsables de determinar también los costes que deben asumir los ciudadanos. Una verdadera privatización y liberalización del agua, en definitiva, todavía está distante, y no principalmente por razones técnicas, sino por la fuerte resistencia que encuentra esa idea.

Por otra parte, lo que se discute en Italia es sólo si la gestión de los sistemas de redes de agua debe dejarse en manos de los actuales monopolios o si debe ser asignado por concurso. En resumen, consiste en ver si todo lo que hay ahora funciona bien (como parecen decir los defensores del statu quo), o si hay empresas que estan dispuestas a proponer y presentar una administración del agua potable y de cloacas con mejores normas cualitavivas y a precios más bajos. El contraste es ante todo cultural, pero conlleva una enorme resistencia, Porque si realmente se abrieran, aún tímidamente, al mercado terminarían cuestionándose una serie de situaciones cristalizadas. El sistema de agua estatal garantiza a los políticos un buen número de asientos en los consejos de administración, junto con importantes oportunidades de clientelismo. Sin olvidar lo que ya sucedió en años anteriores, a saber, que la constitución de los ATO ha terminado por expropiar, un través de su autonomía, una serie de realidades, sin embargo muy pequeñas, que se habían preparado para administrar de forma independiente la gestión del agua.

En verdad, una vez más, nos encontramos aplastados entre una idelogía vetero-colectivista que viene a definir el agua como un "derecho humano" (¿qué significa eso? ¿Sirve para mejorar la gestión de abastecimiento de agua? ¿Ayuda a asegurar que los costos no serán exorbitantes?) y la astucia de los que quieren abrir el mercado, pero sólo en parte, porque tienen sus propios proyectos y pretenden aprovecharse de esta fácil oportunidad de ganacia: utilizando el sector privado para la obtención de beneficios y la regulación estatal para evitar la competencia. El Padre Zanotelli y Dacia Maraini pueden ahorrarse la agitación: de una u otra manera, el agua quedará administrada por el gran Soviet estatal y por todas sus articulaciones. Como mucho, veremos la aparición de algún "oligarca" que se apoyará en el pueblo para obtener, como siempre, ganancias muy privadas. También habrá quienes, en la Puglia de NichiVendola, estarán pensando en volver a la antigua situación: re-municipalizando el importante acueducto regional, que había sido transformado en una sociedad anónima. Los que aman el agua estatalizada, en definitiva, pueden dormir tranquilos.

Sin embargo quienes deberían preocuparse son los ciudadanos ya que de esta manera es dificil que pueda haber inversiones, reestructuraciones y la adopción de tecnologías mejoradas, y que, por lo tanto, podamos tener una mejor calidad a un precio inferior. En estas circunstancias, es probable que muchos grifos, incluso el próximo verano, continúen secos.

Tomado de Liberal, 17 de noviembre de 2009

Fuente: http://www.brunoleoni.it/nextpage.aspx?codice=8540

Palabras clave: Agua, Estatismo

  • Por Corbu
  • Noviembre 23rd, 2009
  • Publicado en Economía
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  Etiquetas: agua, estatismo
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